Bruno tenía tres años y una mochila nueva. Era azul, con un bolsillo delante y una estrellita amarilla cosida en el medio. A Bruno le encantaba su mochila. La llevaba por toda la casa, la sentaba a su lado en la cena y por la noche la dejaba junto a su cama.
Esa noche, mamá le dijo: "Mañana es tu primer día de cole, Bruno."
Bruno abrazó su mochila muy fuerte. Sentía algo raro en la barriga, como mariposas pequeñitas dando saltos.
Por la mañana, Bruno se puso su mochila y miró la puerta del cole. Era grande. Había muchos niños que él no conocía. Las mariposas de su barriga saltaron más fuerte.
"No sé si quiero entrar," susurró Bruno.
Entonces pasó algo mágico. La estrellita amarilla de su mochila brilló un poquito, solo para él.
"Yo voy contigo," pareció decir la estrellita. "Los dos juntos podemos."
Bruno respiró hondo, una vez, dos veces. Dio un paso. Luego otro. Y entró por la puerta grande con su mochila en la espalda.
Dentro del cole había mesas pequeñas, colores por todas partes y una alfombra suave con dibujos de nubes. Bruno se quedó quietecito en una esquina, agarrando las correas de su mochila.
Una niña con coletas se acercó despacito. Ella también parecía tener mariposas en la barriga.
"Me gusta tu estrella," dijo la niña en voz bajita.
Bruno miró su mochila. Miró a la niña. Y aunque le daba un poco de vergüenza, abrió la boca y dijo: "Gracias. Me llamo Bruno."
"Yo me llamo Lola," sonrió ella.
Bruno y Lola jugaron juntos toda la mañana. Construyeron una torre de bloques altísima. Pintaron con los dedos. Y a la hora del cuento, se sentaron juntos en la alfombra de nubes.
Un niño llamado Teo estaba solo, mirando desde lejos. Bruno recordó cómo se sentía él por la mañana, con todas esas mariposas saltando.
"Ven, Teo," lo llamó Bruno, dando palmaditas en la alfombra. "Aquí hay sitio."
Teo se acercó despacito y se sentó. Ahora eran tres amigos escuchando el cuento, uno al lado del otro.
Cuando mamá vino a recogerlo, Bruno salió corriendo con su mochila dando botes en la espalda.
"¡Mamá, tengo dos amigos! ¡Lola y Teo! ¡Y mañana vamos a jugar otra vez!"
Mamá le dio un beso en la cabeza. "Qué valiente has sido hoy, mi amor."
Bruno tocó la estrellita de su mochila y sonrió. Las mariposas de su barriga ya no saltaban. Ahora estaban tranquilitas, como si también hubieran hecho amigos.
Esa noche, Bruno se puso el pijama y dejó su mochila junto a la cama, como siempre. La estrellita amarilla brillaba suave con la luz de la luna que entraba por la ventana.
"Buenas noches, estrellita," bostezó Bruno. "Mañana volvemos al cole."
Se tapó con su manta calentita. Pensó en la torre de bloques, en la alfombra de nubes, en las sonrisas de Lola y Teo. Sus ojitos se fueron cerrando despacito, despacito.
Y mientras Bruno se dormía, la estrellita de su mochila brillaba bajito, cuidando sus sueños, esperando tranquila un nuevo día lleno de amigos.
Buenas noches, Bruno. Que duermas muy bien.